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Autores Perdidos

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    Me perdí tantas veces a lo largo de la vida, me perdí en la soledad, la oscuridad y ahora vago por esta habitación pequeña de una sola ventana que es tapada por las mil cartas que dejé pegadas para que ni una sola luz asome su alma hacía mi.

    Me he perdido tanto en mi, ya no sonrió por lo mismo y he abandonado todo el amor que tenía a esta pluma que me regalaste en una tarde cuando caminábamos por el callejoncito que nos lleva al pequeño café que visitamos cada noche de viernes después del trabajo, creí que esas ganas de escribir mil cuentos para ti perdurarian aún si tú no estabas, pero vaya equivocación, hoy no puedo siquiera ver un pequeño cuaderno con nuestro símbolo de atrapasueños, los pequeños que pintamos alrededor de las paredes de la habitación que un día compartimos.



    Entrar a este lugar y estar rodeada de recuerdos me duele más que cada foto impresa en cada carta que redactadas con pequeños poemas porque éramos una constante competencia por ver quién podía escribir algo más bello el uno del otro. Siempre ganas porque hacías lo posible para robarme suspiros y anular mis palabras con un poco del amor que llegaste a sentir por mi, entrar aquí carcome todo eso que alguna vez juramos sentir pero ya no está, se quedó en las cartas, en los mensajes, en las dedicatorias de mil libros que intercambiamos con la esperanza de que algún día nuestro hijos leyeran esas pequeñas frases de amor del uno hacía el otro, cuando nos amabamos e íbamos contra el mundo por algo que todos decían no podía ser.

    Ahora solo veo un cuarto vacío, oscuro que apenas recibe un rato de luz de luna por las noches, dónde lo único que se ve es mi silueta en aquel vestido blanco que me regalaste, caminar y sentarme en el mismo tapetito de bordados que hicimos entre los dos, el de color azul, y abrir tus cartas tan bonitas que siempre terminan en un "te amaré toda la vida". Este pequeño cuarto con la cama tendida y las paredes manchadas de olvido, el guardarropa a la mitad porque es muy grande sin tus cosas, sin ti y todo el amor que hacíamos aquí y en algunas ocasiones por otros sitios de este pequeño lugar.

    Quisiera enviarte de regreso las millones de promesas pero está claro que cartas mías no quieres, querido. Déjame decirte que está noche sufro como en ninguna otra por esta carta que te escribo porque todo me recuerda a ti.
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    Me atrapó toda tu belleza,
    que sin esfuerzo a mi tristeza
    pudo eliminar.

    Me cautivo tu sonrisa que sin tanta prisa 
    a mi corazón supo dominar 
    y a mi mente pudo atrapar.

    Hoy te pienso a diario 
    y todo es como un calvario
    porque tú jamás me amaras.

    Te escribo estas letras
    solo para que sepas,
    que ya no puedo más.

    Te convertiste en mi más grande musa
    y en el intento de estas letras rimar
    una sonrisa te he de sacar.

    Mi corazón se ha vuelto
    gris, lúgubre y sin algún sustento
    para poder continuar.

    Escribo estas letras ahora con el corazón destrozado,
    pensando que todo fue una pérdida de tiempo, 
    sufriendo por este amor 
    y reconociendo que las rimas no son para mí lo mejor.
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    Cada día me preguntaba sobre tu regreso, cuando volvería a verte.

    - ¿Cuándo sería el día en que tu partida deje de doler? Anhelo tu regreso pues sigo aquí, bajo este árbol, tal y como lo había prometido hace 10 años -  Soltó un gran suspiro.

    - ¿Qué pasaría si jamás nos hubiéramos conocido? - Dijo Andrew mientras se sentaba a su lado.

    - Nada en la vida sería lo mismo, habría dejado de soñar... 

    - Y la vida hubiera perdido el significado - interrumpió Andrew - Pero ya no tienes que esperar porque después de tanto años he vuelto por ti.


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    Hoy es de esos días en los que tal vez no sabes como sentirte, tal vez triste, alegre, calmada o con una gran incertidumbre por saber que pasará.

    Vivo cada día a su lado, sin embargo, nada asegura que así será siempre.

    Vivo con la incertidumbre de no saber si es por un tiempo o por siempre, de no saber si la respuesta cada día será si o de la noche a la mañana será no, de no terminar de entender que viste en mi...

    Cada día agradezco que sea un di, cada día me siento feliz porque estás, aunque en días como hoy le doy vuelta a todo este asunto y me da miedo pensar que en algún momento cambies de opinión.

    Pero es amor ¿Cómo lo sé?
    Ya que a pesar de todo estas conmigo día con día a pesar de no estar a mi lado, pero estás ahí, cada día nuevo es felicidad sabiendo que somos a pesar de no estar, pero aún sin saber por cuentos días, meses o años seremos...
    Me da miedo pensar que esto acabe (porque todo en el mundo termina, pero no siempre termina en el final) y existe ese pequeño temor de creer que volverás a irte y no regresarás otra vez, siendo realista las personas no vuelven dos veces, aunque por ti volvería millones.

    Tal vez estamos acostumbrados a ser desdichados que cualquier momento de felicidad es cuestionable, algo que no entendemos y nos da miedo a perder...

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    Hay amores felices, amores superfluos, amores basura, amores completos y luego están los amores tristes, aquellos que son más sinceros pero que siempre tienen algo bueno y nuevo para dar.

    Amores tristes como el nuestro.
    Ya que a pesar de que rompas mi corazón y seas indiferente ante cada situación, te amo.

    Jamás fue parte de mis planeas amar como nunca a nadie; ser capaz de verlo a los ojos y saber que es la persona con la que quieres vivir cada día, cada aventura nueva, cada película vieja y saber que es con la persona que te ves en un par de años o quizá en muchos años, y que nadie podría hacerte sentir lo mismo si no es él, porque al tomar su mano te sientes la persona más afortunada del mundo.

    No pretendía enamorarme, sin embargo, con él todo fue diferente.
    Desde su primer sonrisa supe que todo estaba perdido, pero como el amor no sé elige, sucede, así como la lluvia sucede en verano y las lágrimas en la tristeza.

    No quise enamorarme de él, ni de nadie, pero el estar a su lado se siente tan bien que lo único que importa es el momento.

    Jamás quise contarle que amo la luna, ya que al igual que ella, él va y viene y es indiferente ante el cariño que le de, es frío y distante.

    No planeaba hablar de él ni de cuan enamorada estoy de su voz, de sus manías, ni de todo lo que hace para alcanzar sus sueños.

    Pero entendí que sí es amor no importa la falta de tiempo, la falta de cariño e incluso la falta de comunicación porque a veces las personas se encargan de demostrar su cariño como solo ellos saben, como solo él sabe...

    Cuando se ama no importa lo demás.

    Siempre he dado todo por él, pasando los años lo seguiré haciendo, porque aún sin querer, sin pensarlo y aún sin terminar de comprenderlo esto es amor, el más triste, pero el que más feliz me ha hecho e incluso el más sincero.

    Ya que solo se ama una vez en la vida, el resto de las veces solo sirven para buscar a la primer persona en las demás...


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    Pero cada noche por la ventana nuevamente, y veo aquella luna, la luna que dijiste que aprenderías a admirar porque te recordaba a mí y la forma que tenía de admirar mi cuerpo frente aquel espejo que se encontraba frente a mi cama, cama que aún quiere tu regreso para volver a escuchar historias de amor que haremos. Aquel lago lo recuerdo perfectamente, aquella noche también, aquella luna tan azul, pues aquella noche te enseñe a amar a la luna y el color que esta pudiese tener, y en esta noche ese color era azul, azul como ningún otro azul que existe en la tierra, y te enseñe a amarla y tú me enseñaste que sabías amar y no por haber leído a platón o Fromm sino porque te habías enamorado del gris de mis ojos, ojos que jamás quisieran apartar la vista de los tuyos, ojos que te amaron desde el primer día que te vi en aquel parque, en aquel ébano, en aquel puente, en aquella banca, ojos a los que les encantaba ver tu silueta bajo la luz de la luna, y tu silueta desnuda recorrer aquel cuarto.


    Siempre decías que era la clase de persona que puede leer varias historias al mismo tiempo, que era fuerte y podía con todo, y que sabía cómo hacer ver un encuentro de la forma más casual, aún que no creyera en la casualidades, casualidades que hicieron que nos encontráramos, pero fue una casualidad, aún que en el fondo sabíamos que andábamos para encontrarnos, y nos encontramos en el mejor momento de la vida, vida que se basa en amor, amor que solo puedo hacer contigo.


    Contigo vi que el café y el vodka pueden ser buenos amigos, y hablando de amigos, recuerdo aquella vez en el auto-cine, se encontraba Erick, Magdalena, Franco, tú y yo, y en ese auto-cine me entere que te llamas Andrew y que detestabas los mariscos, y todos se sorprendieron al ver que llevábamos un tiempo juntos pero desconocíamos nuestros nombres, nuestras comidas, pero no nuestras manías, y es ahí cuando me di cuenta que realmente el amor es ciego, el amor debe de ser, que para amar no es necesario saber todo de aquella persona, sólo amarlo, amarlo como te gustaría que te amaran, y así lo hacía desde el primer día que te conocí, desde el día en que supe que le diste luz a mis noches y oscuridad a mis días, desde ese día supe que todo lo que había leído era falacias y que el verdadero amor era como tu decías, se vive, se siente, se hace, no se lee.


    Me gusta apreciar tu delicado perfil, decías siempre que ataba mi cabello con un listo blanco medio sucio y un poco deshilachado, y sonreía, sonreía no por lo que me decías, sino porque eras sincero y tus ojos denotaban algo que jamás había visto antes, pero siempre te gustaba quitarme el listón, y después de quitarlo nos acostábamos en la cama y comenzabas a jugar con mi cabello, cabello naranja como los atardeceres del otoño, y que cautivaban tus ojos, ojos que jamás hubiera querido dejar de ver, y recorrías su largo, y me acariciabas hasta llegar a la cadera, y ponías de excusa que era porque recorrías la longitud de mi cabello, cabello largo que enamoraba, y que una vez quise cortar y lloraste como niño pequeño, y dijiste que querías verme así siempre, porque querías recordarme así, siempre, siempre fue igual, hasta que perdí aquel listón blanco y me regalaste uno nuevo, de color negro, negro como tu cabello, y decías que era el que resaltaba a mi piel blanca, blanca como la nieve del primer invierno que nos conocimos, y desde ese día siempre tengo conmigo aquel listón negro, un poco deshilachado, pero que me recuerda a ti.


    Recuerdo aquella función de Hansel y Gretel a la que me llevaste, recuerdo aquel gran recorrido en donde por primera vez pude besarte sin culpa, y ahora voy camino al mismo teatro sin ti, y me he percatado del porque en ese lugar siempre veíamos las funciones que quedaban cerca de la casa, pues aquel recorrido era tu favorito, las tres torres, la plaza de la Justicia donde siempre se ponía un señor con sus tres hijos de cabellos amarillos a vender café, y posterior se encontraba el palacio de artes, donde me dijiste que expondrías tus primeros poemas, poemas que no hablarían de amor, y donde siempre había el mismo policía en la entrada comiendo siempre la misma marca de donas y mirando siempre hacía el cielo, aquel palacio por fuera blanco y por dentro adornado de distintas pinturas de la época antigua y romántica, y después aquel camino de Sebastián, donde siempre encontrábamos niños jugando a la pelota o señoras leyendo el periódico, y en donde caminamos un día de lluvia, lluvia triste y fría, fría como mis sentimientos hoy sin ti, y terminando aquel camino estaba tu monumento favorito, aquella estatua en honor a no sé quién, que tanto te gustaba, aquel hombre con sombrero de copa, y que hoy sé que es en honor al Quijote, libro que jamás quise pero que tu amaste, y después estaba la entrada del teatro, a donde siempre íbamos, a donde íbamos más por el recorrido que por la función, pero debíamos ir a la función o sabías que no aceptaría ir tan lejos.


    Aún tengo tu libreta, donde escribimos una frase juntos y después la pintamos en las paredes de la habitación, "no te preocupes, lo que es verdadero jamás termina", pero nunca habíamos iniciado como todos creían, sólo fue amor, y el amor no inicia, sólo esta y sucede, así como sucedimos y como sucedió esa frase en tu libreta de poemas.


    Me leíste un poema que hablaba de mí, pero jamás me lo dijiste, sin embargo, nadie habla de una pelirroja que se enamora, enamora de quien menos esperaba en un parque, parque que amaba con todos sus sentidos, sentidos que eran conquistados por una persona, persona que amaba y que estaba leyendo para mí, como en el club, y que siempre preguntaba si estaba bien o algo le faltaba, y yo sólo reía y él iba por café, porque desde que me conoció dice haber dejado el vodka y el tequila y que prefiere el café para no dormir, y poder estar conmigo siempre, siempre que decía eso terminaba durmiendo antes que yo, lo que me dejaba un rato pensando cerca de él, y jugando con su corto cabello que apenas le cubría las orejas, y que terminando de jugar me levantaba a escribir y abría la ventana, y miraba nuevamente al cielo, cielo marino con estrellas que deslumbran mi noche, porque él le dio luz a mis noches y eso evita que duerma. Antes de que despierte me vuelvo a recostar sobre su brazo y cierro los ojos y duermo, duermo como si no tuviera insomnio, como i todo lo que importará es estar con él, pero ya no es de esa manera, ya no está y ahora no duermo, sólo veo aquel cielo marino, sin estrellas, sin vida, sin sueño, sin él.


    Conocía tanto de ti, como tú de mí, sabía que tu color era el negro, que amabas la música de blues, y que preferías la noche y el frío, y tu literatura se volvió poesía y tus poesías eran para mí.
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    Y ahora estoy cruzando las calles, calles que se ven repletas de panfletos de distintos comercios, y que se ven esparcidos por las banquetas por el fuente vendaval que hay en la ciudad, como aquel día, y es que ahora gracias a tus ausencias no me imagino los días sin tu desayunos, las noches sin tus caricias y las tardes sin hablar de cohelo o cualquier otro escritor que encontremos. Como el primer día que te lleve a una librería, preguntaste que libro buscaba, pensé que me ayudarías a buscarlo, pero querido tu no buscas libros, tu buscabas que terminara pronto, pronto como encontré las venas abiertas de américa latina sonreíste pues sabías que nos iríamos de aquel sitio, sitio que sabías que me encantaba visitar fuera día, tarde o noche, pero yo amaba ir ahí, y después regresamos a aquella habitación, mientras yo leía me mirabas, esa mirada que jamás había visto en ti antes, o es porque antes no me habías visto leer, leer sin descanso, mientras tu comías yo leía, mientras te bañabas yo leía, mientras escuchabas la radio yo leía, mientras tomabas yo leía y así fue en el día hasta que termine y decidí irme a la cama, cama que volvió a sentir el amor que cada noche hacíamos.


    Dijiste que te hablará de libros y cuales te recomendaría, dijiste que te enseñará a preparar café para ocasión, dijiste que querías apreciar la luna como yo lo hacía, y posterior a esto me regalaste una cadena con una luna de oro blanco, porque decías que era necesario que la "hija de la luna" como solías llamarme tuviera esa cadena, cadena que hasta hoy llevo. Y te hablé de libros como a nadie más, tanto que te lleve a aquel club que solía visitar todos los viernes a las diez de la noche, en donde se hablaba de cosas de arte y libros, libros por doquier, y tú solo observabas y fingías risa por los chistes respecto a Shakespeare, o respecto a cohelo, que era al único que conocías, después de cada reunión te veía adentrado en un nuevo libro que me pedías que comprará, y lo hacía porque me gustaba que intentaras adentrarte a aquel club, club que seguimos visitando por varios meses, meses en los que me reía cada que hablabas de un libro, libro que ya todos habían expuesto meses atrás y que por consiguiente no comprendías los chistes y las no citas mencionadas en cada uno de ellos, pero te gustaba, te gustaba intentar entender su conversación sobre platón, y cuando comenzaste a leerlo y saber que hablaba de amor no dejaste de hacérmelo, incluso aquella vez que estábamos en el club junto a los Pierre, decidiste interrumpir una acalorada charla sobre José Mauro Vasconcelos y nos fuimos, pero no a casa, nos fuimos a las habitaciones del club, donde decidiste que siempre es el momento perfecto si de amor se trataba.


    Caminábamos por la calle para ir al metro, aquel que odiabas tomar porque siempre estaba lleno, lleno de panfletos y prostitutas por las noches, y nos detuvimos nuevamente, nuevamente tenías otra idea, tomemos un café, y cuando pronunciaste estas palabras me di cuenta de que lo que antes me habías dicho era real, tan real como estos recuerdos, tan real como tu abandono, y esa noche también te enseñe que era el buen café y porque siempre que leías debías de tomarlo, porque ayudaba a permanecer despierto y porque lo amaba, no tanto como a ti, pero lo amaba, amaba ese color, ese aroma y esa suavidad, y te amaba a ti verlo tomar, y fruncir el ceño porque era la primera vez que tomabas café y decías que siempre sería mejor el vodka, vodka que dejaste de tomar por una larga temporada, temporada que te adentraste en los libros y la literatura clásica, como en la literatura basura, aquella que habla de amores y falacias y terminan con un final feliz, y quería siempre hacerte creer que nada termina con un final feliz.


    Tú me ensañaste a correr por la noche sin necesidad de preocuparme por la hora, que faltar al trabajo a veces es bueno, que escribir era mi vida, vida que tu inspirabas día con día, me enseñaste que era mejor que me dejara de preocupar por banalidades, que lo único que importaba era el amor, pero siendo realistas de amor no se vive, y siempre te lo decías y después comenzábamos a discutir, discusión que terminaba en sexo, sexo que terminaba en amor, amor que era lo único que importaba a fin de cuenta, y aún tengo tus primeros versos escritos en una servilleta, de aquel día que me dijiste que querías ser poeta, pero de los poetas que no hablan de amor, porque el amor era mejor hacerlo y no hablarlo, se demostraba, se sentía, se vivía.


    Ahora la lluvia parece triste cuando camino entre ella sin ti, y cada lugar me pregunta por ti, y por qué he regresado sin ti, y es que ahora solo voy del puente a la fuente y de loa fuente a la cafetería, de la cafetería a la banca, de la banca al ébano, del ébano a aquella librería, de la librería a al lago, lago aquel hermoso lago cristalino, donde me dijiste por primera vez que no querías que volviera a comprar vodka y que mejor comprará café, café como tus ojos, ojos que me dan insomnio porque ahora son lo único que recuerdo cada noche de verano, y que me duelen cada noche de invierno, invierno que duermo sin cobijas porque aún creo que llegarás a darme calor, calor que jamás siento en primavera, primavera que me recuerda a aquel lago, y que se vuelve un círculo vicioso de recuerdos hacía ti.
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    Aprendí a verte de tantas formas distintas y es que tenías algo tan particular que me cautivó desde la primera mirada, desde el primer día o desde la primera noche, pues esto ha sido tan magnifico que han parecido de esos sueños, los sueños de los que nunca quieres despertar.


    Si pudiera decirte que es la mejor parte de mi día, elegiría, sin pensar por mucho las veces que miro fijamente por las ventana, observo el cielo, cielo tan azul como los mares y otras veces tan triste como el invierno, invierno que me recuerda al primer día que te vi, vi tu forma tan peculiar de caminar por aquel parque a pesar del frío y la nieve, nieve que reflejaban tus hermosos ojos, ojos tristes como el invierno, tan oscuros que me quitaron el sueño y desarrolle insomnio, insomnio que me recordaba a ti y tu precioso cabello tan oscuro como el ébano, si mal no recuerdo fue bajo un gran ébano que cruzamos miradas y cruzamos silencios, silencios de los que cautivan, no de los que matan, de esos silencios que quieres que terminen pero que sean eternos, de esos hablo, como cuando te hable por primera vez en aquella banca, banca cubierta por la nieve del crudo invierno, recuerdo tus primeras palabras, y aún creo estar escuchándote.


    Jamás podría olvidarme de ti, y jamás podré olvidar aquella fuente de primera, donde nos sentamos a platicar por horas hasta que comenzó a llover y sacaste aquel paraguas color azul, azul petróleo que me recordaba precisamente a aquella fuente, y que después de abrirlo nos fuimos caminando, caminando por la tierra mojada que dejaba apreciar ese enervante olor tan peculiar que tiene cuando se combina con el agua, agua que seguía cayendo y no paraba y con el paso del tiempo se hacía más fuerte, cruzamos por aquel parque dejando atrás aquella fuente azul petróleo que en el centro tenía un gran pez, dejando atrás aquel camino de tierra mojada que nos acompañó un largo rato, y dejando atrás una posible noche de luna llena, pero íbamos caminando bajo el mismo paraguas mientras un vendaval comenzaba a doblarlo hasta que las varillas del paraguas se abrieron y tuvimos que deshacernos de él, recuerdo que lo enrollaste tan fuerte que crujieron la pocas buenas varillas, y me tiraste de la mano izquierda para que siguiera tu paso hacía aquel puente, puente que no sólo vio caer el paraguas, sino que vio caer una lagrima de aquellos ojos tan oscuros, y me preguntaba que debía de hacer. Bajamos aquel puente con gran cautela, y seguimos nuestro camino, camino de flores que tenían el capullo cerrado, cerrado como el puño de tu mano, mano que quería volver a tomar, tomar como en el momento que estábamos en mi casa, tomar aquella botella de tequila nueva, tomar hasta tener que recurrir al café sin leche por la mañana, mañana que desperté junto a ti, desperté y ahí estabas, dormido, tan cerca de mí, y lo único que hice fue admirarte mientras dormías. Cuando volví a la cama a tu lado olía a vodka, aquel vodka que estaba en mi mesa de noche, y me miraste, mirada que pedía otra noche y más alcohol, no tenía problemas por ambos, no tenía problemas en ir a comprar más vodka o tequila, no tenía problema alguno por volver a tener sexo contigo, o hacer el amor, tenía problema a que no pudiera ser diferente nunca. Pero no se repitió, después de beber un poco, me volviste a mirar, y te levantaste, y con ello pude apreciar tu cabello despeinado, y te metiste a bañar, y por consiguiente me metí contigo.


    Desde ese día tú eras libre de llegar a mi habitación, eras libre de acomodarte en mi cama, eras libre de fumar sobre la ventana y utilizar mi mesa de noche para poner tus vasos, vasos que siempre tenían cerveza o vodka porque no te gustaba nada más.
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    Comencé a extrañarte, no sé el por qué, jamás creí llegar a sentir nostalgia por alguien, menos me imaginaba que esta nostalgia fuese por ti.

    A pesar de todo, o a pesar de nada, no había tenido el valor de volver a escribir sobre ti, quise intentar olvidarte, intentar hacerme a la idea de una vida sin ti. Anteriormente me hacía la falsa ilusión de una vida a tu lado, pero ahora no aspiro a estar ni un minuto contigo, no porque no lo quiera, sino, porque tu así lo deseas.   


    Escribí un largo tiempo a la noche; argumentaba que quería verte, pero son palabrerías que se llevó el viento.
    Tal vez el problema radica en que yo por ti daba todo y tú por mi... bueno esta de más decir que tú por mi no das nada. Cada noche sin dormir pensando en que falle, llegue a la conclusión que mi error fue amarte sin medida, amarte inocentemente como nadie más te va a amar en tu vida. 
    Noche tras noche, descubrí que estaba en esto sola, amaba sola, soñaba sola, reía sola...

    Aprendí que aún pasando noches sin dormir pensando en ti, podría vivir de esta manera, siempre y cuando, al final del día lo último que pueda ver sea tu sonrisa.

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    El día de hoy les traígo la reseña del libro Algo parecido al verdadero amor escrito por Cristina Petit.
    El libro se centra en París, donde la joven protagonista de nombre Clémentine recibe una herencia por parte de la esposa de un primo de su abuela. Esta herencia consistía en un apartamento en la Rue Le Monde.
    Al llegar a dicho apartamento comienza a explorarlo dándose cuanta que ese es el lugar de sus sueños. Una vez terminando de recorrer este lugar decide hablar con su mejor amiga Michelle quien comienza a mencionar un portal de la infancia.
    Tras llegar al día siguiente al apartamento Clémentine es recibida por un joven vecino y este mismo la invita a pasar con su familia; aquí mismo comienzan un juego un tanto interesante con un directorio telefónico.
    Llegó el tan esperado día de la mudanza y en ella participaron todos los vecinos e incluso el mejor amigo de Clémentine de nombre Florien que se encargo de llevar todas las cajas con las pertenencias de su mejor amiga. Al llegar al edificio los vecinos comenzaron a ayudarla en especial uno de ellos; Rémy, el niño de ocho años que la invito a su casa tiempo atrás.
    Terminando la mudanza y una vez acomodado el apartamento comenzó a llevar a cabo su proyecto, su sueño, curar a niños mediante la lectura.  Tiempo atrás cuando Clémentine tenía dieciocho años se enamoró, su primer amor pero supo que todo iba terminando por la diferencia de ideales, ella amaba los libros y él no lo entendía pues prefería salir con sus amigos y hablar de cosas vanas.
    Volviendo al hoy, Clémentine tenía a su primer paciente: Oliver, al entrar el y su madre al apartamento se sentía el ambiente tenso, y como ninguno de ellos sabía que decir un pequeño pájaro rompió el hielo ayudando a Oliver "me gustan los pájaros,  porque en casi todas las especies los dos padres se ocupan de los pequeños, como en una familia de verdad" era muy obvio, aquel niño había perdido a su padre de pequeño dejándolo solo al cuidado de su madre. Dicho esto la madre fue a dar un paseo y Clémentine se quedó a solas con el niño leyendo historias sobre pájaros y en eso encontraron algunas especies donde los pájaros hembra se hacen cargo. Una vez llegada la madre vio el resultado de esta terapia.
    Clémentine comenzó a arreglarse para la cita que tenía con Jean, al principio las cosas marcharon bien en la cita y después de una noche juntos, Clémentine revivió momentos de su relación y le gustó pero no lo suficiente como para confirmar un nuevo comienzo.
    Al día siguiente Remy fue en busca de Clém para la hora del té, una vez en su casa ella les comenzó a contar sobre la terapia a base de libros y el propósito que tenía con esta.
    Cuando el ta termino, sonó el timbre y ahí estaba Christophe, el hijo de Héctor, quien impacto a Clém con el blanco de su sonrisa.
    Para el jueves Clémentine tuvo dos pequeños nuevos pacientes, uno de ellos Yuri; un niño que no fue sencillo de tratar hasta que ideó algo, el no comenzaría con libros, sino con dulces y nada menoss que con una piruleta de azúcar, así ese amargo momento sería más dulce.
    Por otro lado estaba Coraline, una niña con problemas alimenticios a quien le encantaba leer, pasó un rato con Clém y cuando se marchó se llevó algunos libros con ella.
    Al siguiente día Clém llamó a la puerta de Héctor, sin embargo, él no estaba y a causa de esto escucho una conversación de Christophe que le cambió la vida en ese instante.
    Florien, un gran amigo bibliotecario decidió regalarle a su gran amiga un nuevo libro que estaba siendo la sensación de París, titulado "fábula en París". Al leerlo se maravillo pues el autor había descrito increíblemente a la protagonista que era... ¿Ella? Tuvo una vaga sensación de que el libro era dedicado a ella, pero no le dio mucha importancia así que decidió ir a dormir.
    En la mañana después de haber visto a su amiga Michelle, tuvo una pijamada con el pequeño Remy, vieron una película, aprovecharon para platicar u conocerse mejor, él le habló de su pequeño huequito en el corazón y ella le hablo de Tobias.
    Tras el paso de los días Clémentine recibió una llamada del antiguo dueño del departamento quien había olvidado un libro "Hansel y Gretel", este libro le traía grandes recuerdos de Tobias a Clémentine.
    La persona que anteriormente le había marcado respondió al nombre de Thomas, un joven de 30 años, y tras una charla breve acordaron volver a hablar.
    El 18 de Diciembre llegaron los padres de Clémentine y no falta decir que no existió tiempo suficiente en un día para ponerlos al tanto de todo lo que había sucedido y acerca de la libro terapia. Al término de aquella noche y al llegar a casa inmediatamente sonó el teléfono y era Thomas quien hablaba a tan tas horas de la noche, en la misma llamada comenzó a contarle sobre su abuelo y el porque la importancia del libro.
    Llegó el Domingo y ella y sus padres fueron a tomar el té con la familia de Remy, los preparativos iniciaron en la mañana y terminaron en una muy divertida búsqueda de obsequios alrededor de la casa.
    En el momento de la cena, todos formaron diversos grupos y comenzaron a hablar de tosa clase de temas, se habló de cocina, música, baile, entre muchas otras cosas. Terminando esta cena,  Clémentine ayudó con la limpieza y una vez terminada se dirigió rápidamente a su departamento, al llegar entro en el estudio y después de un tiempo de espera al fin llegó la tan esperado llamada de Thomas. Conversaron por algunas horas hasta que París durmió y posteriormente ellos.
    Paso el tiempo y Remy comenzó a organizar una sorpresa para la fiesta de te de los miércoles, algo que sin duda volvió impacientes a todos.
    Clémentine recibió una llamada tan inesperada de Thomas, esta solo fue para preguntar su nombre y una vez de que ella respondiera la llamada terminó. Clémentine salió a dar un paseo después de esta inusual llamada, sin embargo, comenzó a llover, de esa lluvia que solo hay en París, tranquila y enamorada. Olvidó su sombrilla y una vez llegado a casa aun empapada sonó el teléfono, y comenzó una gran y amena charla con Thomas, donde le narraba esa fantástica lluvia y su pequeño descuido.
    Clémentine tuvo un momento muy inesperado y fuera de lo común con la madre de Coraline, tras recomendarle que fuese a un psicólogo porque al igual que su hija necesitaba ayuda. La señora se exaltó, desquitó su enojo y comenzó a gritar, gritos que terminaron en llanto.
    Había pasado una semana difícil para Clémentine, hasta que recibió una llamada de un colega, diciendo que la madre de Coraline había llegado a terapia y sería su paciente pues quería reparar unas pequeñas fracturas.
    Después de una llamada de Thomas en la que pedía su libro a Clémentine, le comento que no quería verla pero que dejara el libro con Héctor, posterior a esto ella dejó de contestar sus llamadas e inicio a mirar al otro lado del portal esperando su llegada.
    Llegó el día de la sorpresa de Remy, pero ocurrió algo que nadie esperaba, Delphine llevó a un hombre de nombre Lucien (editor del libro que había sido una tendencia en París, titulado "Fábula en Paris") quien estaba interesado en publicar su libro, todo gracias a que le ayudo a encontrar a la protagonista de esta historia escrita por Albert Seraphin,esa protagonista era ni más ni menos que Clémentine. Todos quedaron impactados tras recibir esta noticia.
    La sorpresa de Remy llegó, varios invitados, nada menos que los protagonistas del juego del directorio de los miércoles de té; esto volvió una excelente tarde en algo inolvidable.
    Terminando la hora del té y posteriormente a que Clémentine entrará a su departamento llegó Thomas, subió decidió al departamento, tocó la puerta, al instante Clémentine abrió. El tiempo se detuvo. Ella lo hizo pasar e hizo que se sentara en el sofá de la sala mientras ella se dirigía al estudio e iniciaron una conversación por teléfono, hasta que Thomas le comenzó a hablar del libro fábula en París, logró que Clémentine hablará y logrará admitir que esa historia era para ella, hubo una ardua conversación, él planteó el hecho de que el escritor seguramente estaba deseando encontrarla y besarla, pues estaba enamorado de ella.
    Colgaron el teléfono.
    Él se dirigió al estudio y tomo su rostro entre sus manos y la beso, fue de aquellos besos que jamas podrían explicarse con palabras.
    Espero les haya gustado la reseña, los invito a leer el libro, vale la pena, se van a enamorar de la narración, del escenario, y de los personajes. Se los recomiendo 100% si quieren pasar un buen rato leyendo de amor.
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