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Autores Perdidos

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    Si juegas a que te enamoras de alguien vas a terminar perdiendo.

    Yo recuerdo en una tarde, caminando a casa, pasaba como de costumbre a mi lado, la chica de cabello castaño claro, con ojos color miel, que siempre llevaba la misma gorrita color naranja que hacía que el color de sus ojos resaltara entre el sol, nunca supe a donde se dirigía pero siempre había sabido que ella era quien más me intrigaba en el mundo.

    Cada tarde de regreso de clases la veía, a veces en pantalones y otras veces con un atuendo que me decía que a donde se dirigiera ella conquistaría el mundo, así como ha conquistado mi mente. 
    Cada que pasaba a mi lado me daban ganas de sonreirle pero ella tenía esa típica y característica mirada de siempre: ese desdén que la hace tan ella y sus muecas de "no te acerques" la hacían más interesante hasta llegar a lo soberbio.

    Y cada día de lluvia la veía pasar con el mismo color de paraguas aunque siempre he creído que ella tiene una colección de estos porque he visto miles de diseños, desde orejas de gato hasta el paraguas desplegable que guardarías en tu bolso, la veía caminando mientras mascaba una goma y hacía burbujas con ella y se veía en color rosa de la misma.



    Ella se volvió como mi secreto, jugaba a que me enamoraba de ella y que ella me elegía para estar cada día en su vida, que me volvía el hombre más feliz de la tierra y que le encantaba quedarse dormida conmigo el día de películas y así comenzó mi mente a imaginarla a mi lado cada que mi nariz entraba en contacto con su perfume olor a berrys, y dios mio, vaya que era el mejor olor que la describiría jamás, exótica y misteriosa, de aquella quien quieres conocer cada parte de su ser, sus pensamientos, su alma, su forma de amar y hasta de sonreír, porque cada trazo en sus facciones siempre será diferente y yo quiero poder descifrarla por el resto de mi vida.

    Me encantó desde el primer día que volteó mientras andaban en su skate y hacía una burbuja con la goma, me miró de reojo y de la nada volvió a su camino, ese día recuerdo reírme pero jamás me la saqué de la mente, y poco a poco armé escenarios en mi mente donde ella era participe de estos, vaya juegue a enamorarme de ella y he acabo perdido y sin pensamientos que la aborden.

    En la temporada de vacaciones recorría el mismo camino con la esperanza de verla, y pasaba a la misma hora, con la misma actitud, con diferentes ropas y con las mismas expresiones de estar hipnotizada por algo.

    Me pregunto quien será, que hará y como vivirá, cuales son sus pasatiempos y cuales son sus gustos musicales, me encantaría escucharla por horas porque algo me dice que tiene la voz más armoniosa que este mundo podrá escuchar jamás, y si en algún momento podré verla regalarme un sonrisa para sentir lo que es tocar el cielo y verla como nunca nadie más lo ha hecho. Pero hasta ahora solo sé que le gusta el skate y las gorras, que camina siempre por este pasillo de banqueta a la misma hora y que algunos días mastica diferente clase de sabor de goma porque a veces las burbujas son colores extraños.

    Hasta ahora solo me quedan las esperanzas de un día atreverme a hablarle y que sea como en una de mis miles de fantasías donde ella voltea, quizá cae o tropieza y yo estoy ahí para ayudarla, ella reclamará como es normal y después nos reiremos mientras tomamos un helado en la avenida 5 que se encuentra a unos minutos caminando y saliendo de la heladería ella tomará mi mano y me dirá que por qué nunca le hablé si espero todo ese tiempo y pasaba por ahí intencionalmente y con algo de pena le diré que a alguien con los ojos como las estrellas no cualquiera puede hablarle, la pena me consumía en lo más profundo porque encontrar a la persona perfecta es lo más difícil que hay y yo la encontré en un día cualquiera.

    Y nos veremos fijamente a los ojos por un largo momento que se sentirás milésimas de segundo y seremos ella y yo contra el mundo a partir de ahora, pero nada de esto sucederá porque alguien como yo no puede hablar con alguien que lleva el universo en los labios y la vida en los ojos.
    Por eso no juegues a enamorarte de alguien tan perfecta porque al final terminarás rompiéndote el corazón como yo que cada mañana la veo irse y por las tardes regresar, por las noches la pienso y le hago mil bocetos de su rostro y en las madrugadas de insomnio pido que me llegue a escuchar para al menos sentir que en algún momento de la vida ella me regalará la mejor de las sonrisas y la mirada más tierna que jamás podré ver.


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    Extraño nuestras platicas, esos momentos en los que acordabamos vernos en la fuente de la plaza más bonita de la ciudad a más 11:00 de la mañana, extraño ponerme nerviosa y llevar el vestido más bonito que tuviera para que tan solo en una oportunidad te pudieras fijar en mi más que como tú amiga. Me encantaba verte cuando caminaba hacía a ti y sonreías como si fuera la única persona con la que quisieras pasar la vida, me encantaba verte sentado mirando el cielo azul que resaltaba gracias al viento gélido de los días de invierno y que se suavizaban un poco por el sol de la mañana y el deslumbrante calor de un sentimiento escondido que era mutuo en todo momento pero que perduran en nuestros corazones.



    Extraño esas llegadas temprano, ver el paso del sol en las mañanas sentados en una mesa hablando de la vida, de tus gustos, opiniones, sueños y fantasías, y que me platicaras del libro que acababas de leer y que viste una nueva película que posiblemente me encantaría. Extraño nuestros planes improvisados de la noche anterior para buscar un pretexto de poder vernos aunque fueran cinco minutos y compartir interminables risas y desear abrazarnos un largo rato aún sin ser nada pero siendo todo a la par, y quisiera volver a sentarme en esa mesita que a mitad del día era iluminada a medias por el sol y la otra cuidaba tan cautelosamente la pequeña proporción de sombra que buscábamos y nos unía un poco más, poder verte al verme y comprender esa mirada en la que expresabas amor y ganas de estar conmigo aunque sea solo cinco minutos a lo largo de este camino tan majestuoso llamado vida... Y me encantaba verte y tener esas ganas tan inmensas de abrazarte y darte ese primer beso que jamás podría a ver sido más perfecto, sentirte cerca y poder tomar tu mano no solo para cruzar las calles y tener que soltarla al instante por miedo a que creyeras que podría arruinar nuestra amistad con un sentimiento.
    Extraño esas mañanas a las 11:00 horas donde quedábamos de vernos sentados en una banquita del centro, viendo palomas comer y caminar por el pequeño apartamento de concreto que quedaba cerca del lugar, y caminar por los frepos que unen la ciudad antigua, extraño tanto esas pequeñas sorpresas que tenías conmigo por las mañanas y los mensajes de buenas noches antes de dormir, el tomar un café y tomarnos de la mano mientras nos veíamos a los ojos y decíamos lo mucho que nos amábamos sin hablar, y las constantes risas sin sentido que decían alocadamente que queríamos estar cerca.

    Extraño esos momentos donde caminábamos horas por la ciudad conociéndonos, escuchando canciones indirectamente dedicadas y decías escuchar una nueva y compartíamos los audífonos mientras observábamos la ciudad y sus contextos, mientras unas hablaban de confesiones y otras de amor, y competimos por encontrar la canción más bonita que nos recordara a ambos, siempre ganabas pero se sentía bien, bien saber que alguien buscaba una razón pequeña para compartir contigo el mejor instante, la mejor sonrisa, y que con pequeñas flores hiladas se encargaba de enamorarme porque sabía que en un promedio de mujeres era un poco diferente, extraño que te interesarán mis poemas, mis textos a la luna y que te encantará cuando decía ser una con la naturaleza, pero extraño más tus ademanes, tus manías y tus palabras inventadas para que me riera antes de entrar al trabajo, extraño poder tomar tu mano al final del día y decirte que te amo y ver esa sonrisa que tanto me ha enamorado a lo largo del tiempo.

    Extraño tanto al hombre que soñaba con algún día recorrer a pie todo aquel lugar donde pudiéramos ver el amanecer, al que le encantaba leer y el café por las mañanas, al que le gustaba tomar mi mano y se ponía nervioso, al que sonreía con solo leer un pequeño fragmento de esto que llamo poesía de amor.

    Pero supongo que al pasar los días las risas sin sentido se acaban, el amor cambia y todo queda como un recuerdo nostálgico que ataca la mente en cada momento en el que te encuentras lejos y me hace preguntar si haz cambiado o si fue una falsa imagen para llegar al corazón más roto que el universo trató de unir en algún momento...
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    Es como si el cielo llorara nuestras penas.

    Cada noche salía un momento, me sentaba en el frío pasto del patio de atrás y con un ligero viento que soplaba en mi rostro, mis ojos se achicaban, y el cielo ensordece ante tal magnitud que está por venir. Bastaba una mirada y un suspiro danzante con el viento para que él supiera que todo lo que llevo por dentro lo tendrá que llorar en 100 noches para desahogar las penas de su hijo, el desamor del mundo y el desprecio ante mil romances imposibles, con una lagrima fría y llena de dolor podía decirle lo que ha roto a esta alma en pedazos.



    Ya no queda nada de que hablar, el universo y yo somos uno mismo, así como el día que él y tú se unieron y salí de tu vida en tan solo un instante, y ahora está por caer el dolor sobre los mortales que aman a medias y no piden perdón nte los corazones muertos por diluvios en las mejillas.

    Y me escucho en dos palabras y mil suspiros, me vio sacar lo más profundo de mi y lo mejor en milisegundo, después murió conmigo y ahora está llorando ante mi, por mi... Sus lágrimas tan mortales para uno, tan sentimentales para otros y tan sinceras para mí, para mí, que le hable de ti día y noche, le conté desde el primer momento en que te vi hasta el último segundo en el que creí te pertenecí y era mutuo, él sabe que cada noche golpeaba hasta que mis nudillos se hicieran trizas y que cada día caminaba por los senderos más abiertos de la ciudad donde a cada paso recreaba cada segundo a tu lado, viviendo de tus recuerdos.

    Ahora cada gota del mar, cada brisa gélida pasa en la vida de cada uno de nosotros en algún momento, adentrándose en nuestro ser, nuestra mente y alma para saber que haz de llorar de amor y sufrir como el cielo sufre por mi y yo por ella...
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    Dicen que cuando una persona pasa por tu mente es porque está pensando en ti y quisiera que ese pequeño dicho que resuena entre mil voces sea tan cierto porque segundo a segundo te mantienes en mi mente, admiro la manera en que por mis pensamiento recuerdo tus ojos y esa sonrisa que me mata al instante, quisiera día con día estar en tu mente como tú en la mía y que cada mañana al despertar lo primero que cruce a mi sea tu recuerdo y esas inmensas ganas de llegar a tu lado a poder abrazarte y que sientas en ese abrazo todo lo que siento, cada instante estás ahí, presente, te robas mis sueños y suspiros, te robas la tranquilidad de mi noche y me causas insomnio, eres mi razón de idealizar un futuro, y con esa mirada cuando estoy contigo sé que quiero estar siempre así, a tu lado, de día y de noche y creer que esto nunca terminará, quiero ser tu primer pensamiento por la mañana, tú primer cruce de emociones por la noche cuando veas la luna y cuando lo hagas te recuerde al amor que siento por ti, y que cuando veas las estrellas sientas que estoy ahí amándote a cada instante, como yo lo siento, pues cada que veo la luna me viene tu recuerdo, y las estrellas me dicen que cada noche estás conmigo aunque sea a kilómetros de distancia y es por eso que me gusta tanto la idea de creer que cuando alguien pasa por tu mente es porque esa persona está pensando en ti, como yo en ti en este momento.

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    A diferencia de otras noches hoy hace frío y la luna está ausente, lo que hace todo completamente diferente pues aún sin la luna no me siento perdida, sola. Sé que aún si duermes mientras yo escribo esto estás conmigo y que a pesar de que por las tardes estés ausente, estás, a tus maneras y gracias a ti y a ella es que me siento bien, completa.
    Hace algunos cuantos meses quizá, la vida era totalmente diferente, mi vida, tu vida. 

    Yo a pesar de "tener" a alguien no tenía nada, únicamente a ella y después llegaste para cambiar en tan poco tiempo todos los aspectos de mi vida y ahora estamos aquí, bajo las mismas sábanas, tu dormido y yo escribiendo como cada noche cuando la luna se pone en la cumbre del cielo y me recuerda lo mucho que soy feliz, pues elegí el camino correcto al elegirte a ti.



    Y esto es como cada noche y de igual manera ningún acontecimiento, ni la rutina me ha hecho cambiar lo que veo, lo que siento, pues si así pasaran cien días, cien segundos, mi amor por ti seguiría intacto e incluso más puro y fuerte que aquella noche que decidí dejar todo por elegirte. Y soy feliz, pues ahora puedo verte mientras duermes y escribir poemas de miles de letras que hablen de la belleza de la noche y de ti, pero que solo es bella porque estas tú.
    Y veo el cielo, veo al alma de la naturaleza y como siempre termino levantándome de la cama y acto seguido te enrrollas en las sábanas y despiertas sonriendo, pronuncias entre un airoso suspiro las palabras "vuelve a la cama" y solo respondo "tomaré agua", y camino hacia la pequeña jarra de cristal que colocaste sobre la mesita de noche color caoba que se encuentra frente a la cama, y serví en el mismo vaso de siempre. 

    Caminé hacía el mismo lugar, hacía el mismo balcón y me observas, aunque crees que no lo noto, lo haces, pues desde ese día que escapé contigo, siempre te ha preocupado que decida regresar.

    Pero cariño, aún si por las noches escribo y miro al cielo no es porque quiera volver o escaparme de ti, de ser así hace mucho tiempo te habría dejado, pero esto lo hago para agradecerle noche tras noche a la luna, por haberme hablado de ti y decirme que encontraría al amor de mi vida de la manera más oportunamente inoportuna y que me hablaría de la noche y sus ojos me robarían el sueño y le gustaría que escribiera poemas sin sentido así fuese de día o de noche.

    Ahora te acercas a mí como de costumbre y sin saber que pienso callas, pues como cada noche mueres por hacer la pregunta pero te reservas pues temes que mi respuesta te mate al instante, pero jamás será así, pues la noche en la que esa pregunta salga de tus labios lo único que haré para responderte será volver contigo a la cama y sentirme tuya nuevamente, bajo las sábanas y recordarte aún más que te amo y que estoy dispuesta a dejar lo que sea necesario para estar a tu lado. Y cada que pienso esto, la luna sonríe a mis ojos y escribe en sus labios que he aprendido del amor.

    Tomás mi mano e interrumpes mi mente, "volvamos a la cama" y camino tomada de ti y guiada de la misma manera, por el hombre que roba algo más que mis sueños y que hace que me pierda tras su caminar debido a su altura.

    Ahora solo queda volver a la cama para poder verte descansar y volver a escribir de ti en escenarios distintos.
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    La noche jamás me había parecido tan indiferente, se siente tan extraña, como si quisiera reprochar algo que en otro momento se le juró y no sé si bien recuerdo pero ante ella juré alguna vez y dije que nunca quisiera volver a hablar de amor pues la luna se encargaba noche con noche de consolarme diciendo que el amor estaba afuera y me esperaba porque estaba destinada a encontrar a la persona más maravillosa, de esas que sólo son una en un millón. Y noche con noche dormía a mi lado hablándome sobre los días de mi futuro amado. Y deseaba preguntarle cuando lo conocería pero me conformaba con escuchar sobre él y el café de sus bellos ojos que ella decía que brillaban ante ella, cada que recordaba que había sobre él un cielo con estrellas.



    Y me decía que su cabello negro hacía juego con el fuego del mío, y que aún si quisiera no quererlo lo amaría incluso más de lo que amaré a alguien, pues ella y las estrellas veían algo especial para nosotros dos.

    Comencé a enamorarme de ti, niño de los ojos café y brillo de estrellas, aún sin conocerte, aún sin sentirte supe que cuando te viera sabría que eres tú, tú quien de tanto la luna me habló pues un brillo y una sonrisa como las que me fueron descritas sólo se encuentran una vez en la vida y ahora cada mañana y cada noche anhelo que sea en esta vida en la cual pueda observarte aún si fuese de lejos , verte por ahí, sonreír, hablar y aunque fuese una sola vez en la vida, ver tu rostro perdido mientras contemplas el color marino de la bella naturaleza, la noche, me refiero.

    La luna cada noche lo decía y no lo creía "lo encontrarás pronto, pues el corazón no puede sufrir toda la vida por un amor que no era suyo" y acto seguido me abrazaba y lloraba, pero esta vez no por desamor sino todo lo contrario, lloraba porque te conocía sin conocerte, te amaba y tu no sabías ni de las estrellas y aún con eso yo quería estar a tú lado, poder verte y sonreír a la vida, sin embargo, cada visita de ella, yo lo único que hacía era negar la existencia de ese alguien, de ese "amor" efímero, pues así como había llegado a mi podía irse e irse con alguien más.

    Un día ella se cansó de mis llantos o quizá pensó que sería mejor para mi y comenzó a alejarme de ti, si bien antes me hablaba de como te veías  mientras dormías, ahora sólo te mencionaba diciendo "hoy recordó ver al cielo y sonrió" y con ello comenzó a matarme pues quería saber de ti, como dormiste, si habías sonreído, si tu día fue bueno, si pronto te conocería. Quien diría que ella podía ver nuestros destinos y que sabía que tarde o temprano nos encontraríamos.

    Pero fue esa noche la que cambió todo al pie de mi ventana, pues comenzabas a andar por ahí y volteaste y todo fue como si nos conociéramos de tiempo atrás. Volteaste la vista al cielo y cambiaste las cosas del destino.

    Me sonreíste y me llamaste por mi nombre y ahí todo dentro de mi cambió, todo el amor que alguna vez juraba murió estuvo presente, estaba ahí pues tu estabas ahí y supe que era el momento, tal como me prometieron tiempo atrás, ibas a llegar, ibas a estar en el momento preciso y cuando te viera sabría que eras tú, aquí la única cuestión fue que tú me viste a mi y nos encontramos frente a frente.

    Sólo existieron dos opciones en ese momento, irme por el amor o quedarme a acompañar a la luna hasta que una de las dos pereciera por un corazón roto.

    Y sin tanto pensar salí del balcón y miré al cielo llorando su perdón pero por primera vez arriesgaría todo lo que tenía por amor pues durante mucho tiempo de solo este momento me hablaron, de esto dependería el cambiar mi vida o mi destino y "valdría la pena"  decía la luna cada noche "aún si pierdes otra cosa muy importante, lo valdrá pues será tu eterna felicidad".

    Terminé de descender por aquellas escaleras blancas y estabas ahí de pie, sonriendo y me dijiste que valdría la pena pues tiempo atrás te dijeron sobre mí, me conociste y hoy nos volvemos a encontrar. Y ese abrazo y el posterior beso jamás saldrán de mi memoria, ni la imagen de ti a la luz de la luna, nada me hará olvidarlo, ni me harán cambiar de opinión cuando me pregunten si realmente valió la pena dejar tanto atrás por alguien, jamás me arrepentiré de dejar todo por él, por ti que en algún momento leerás esto.

    Y aún si perdí a una gran amiga, si perdí la oportunidad de no volver a sufrir por amor, si perdí incluso mi vida, gané lo más valioso que fue tu amor y para mi eso vale y valdrá más que cualquier cosa en el mundo.

    Ahora, esta noche después de todo, la noche se acercó a mi, tú no te das cuentas pues estas dormido en nuestra cama, con esos edredones color vino que cubren del frío de la oscuridad. Ella se ha acercado a mi ventana para sonreír y recordarme una vez más de lo maravillosa que fue mi decisión, no sin antes suplicar que nos amemos como la primavera al sol y que luchemos contra cualquiera, pues un amor que nació como lo hizo el nuestro vale más que cualquier eclipse y que cualquier promesa bajo la lluvia.

    Que nos amemos como el primer día porque solo ella sabe cuando será el último.

    Diciendo esto se marchó y sé que ahora puedo volver a tu lado, y que puedo ser feliz pues lo tengo todo cada que sonríes por la mañana y cada que la noche nos acompaña en esas madrugadas donde todo se lleva a cabo bajo las sábanas.

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